En México se efectúan 2,770 trasplantes al año, 70% de donador vivo. El hiperparatiroidismo secundario, la terapia inmunosupresora y el grado de disfunción del injerto provocan alteraciones del metabolismo mineral-óseo, caracterizadas por hipercalcemia, hipofosfatemia y elevación de fosfatasa alcalina (FA).
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Aunque dichas alteraciones se asocian a mayor mortalidad y falla del injerto renal, la vigilancia y tratamiento de los niveles de hormona paratiroidea (PTH), calcio (Ca), fósforo (P), y FA no está estandarizado en pacientes post-trasplantados.